Inauguración

José María Bermúdez de Castro, doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, es sobre todo conocido por su participación en las campañas de excavaciones que cada año se realizan en los yacimientos pleistocenos de la Sierra de Atapuerca, en Burgos. En 1997, el equipo investigador del que forma parte fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, y en 1998 obtuvo el Premio de Ciencias Sociales y Humanidades de la Comunidad de Castilla y León.

Profesor de Investigación en el Departamento de Paleobiología del Museo Nacional de Ciencias Naturales, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y autor de casi un centenar de publicaciones en revistas científicas, ha impartido más de 300 conferencias. Bermúdez de Castro ha participado en diecisiete proyectos de investigación, dirigiendo nueve de ellos, y es coordinador de las Unidades Asociadas “Atapuercaâ€, constituidas en mayo de 1996. Actualmente, ocupa el cargo de director del Centro Nacional para la Investigación de la Evolución Humana (CENIEM).

LA VISIÓN EN LA EVOLUCIÓN HUMANA

En su conferencia, José María Bermúdez de Castro abordará el papel que ha desempeñado la visión en la evolución del ser humano. Los seres humanos compartimos un antecesor común con los chimpancés, que vivió en las selvas que cubrían la mayor parte de Ãfrica hace unos seis millones de años. Además, las investigaciones de los genetistas han demostrado que las dos especies de chimpancés y nosotros compartimos el 99 por ciento del patrimonio genético.

En las investigaciones sobre evolución humana interesa conocer, entre otros muchos aspectos, qué rasgos biológicos son codificados por ese uno por ciento de genes operativos diferenciales, así como las características que compartimos, tanto estructurales como de comportamiento. Aunque los rasgos diferenciales son muy llamativos: postura erguida y locomoción bípeda, pinza de precisión, cerebro con un volumen cuatro veces mayor, capacidades cognitivas más evolucionadas y un desarrollo más largo y complejo, no es menos cierto que los rasgos comunes son muy numerosos.

En ese sentido, los chimpancés y los seres humanos compartimos una visión estereoscópica, fruto de nuestro origen común en un ambiente de bosque cerrado, en el que el cálculo muy preciso de las distancias era imprescindible para la locomoción trepadora. Además, también compartimos la visión tricromática, que evolucionó desde una condición monocromática y dicromática de los primeros primates del Eoceno. Se han postulado varias hipótesis para explicar nuestra capacidad tricromática, en base a cuestiones relacionadas con el sexo y la reproducción y la búsqueda de los alimentos vegetales que conformaban la dieta de los homínidos más primitivos. En cualquier caso, es interesante destacar que la visión de muchas aves y reptiles es mucho más compleja y evolucionada que la nuestra.

Puedes descargar una entrevista completa a José María Bermúdez de Castro pinchando aquí.