VISIÓN Y APRENDIZAJE

Joaquín Vidal López

Diplomado en Óptica y Optometría y Psicología y DEA en Psicología Básica.


Introducción

El estudio de las relaciones entre la visión y el aprendizaje se ha basado a menudo en estudios excesivamente reduccionistas que tomaban una única variable visual (por ejemplo, la agudeza visual o el estado refractivo del sujeto) y medían la correlación que existía con otra única variable de aprendizaje (por ejemplo, el rendimiento académico).

A partir de dicha relación trataban de justificar la importancia de la visión en el aprendizaje, así como el papel causal que tiene la visión en la aparición de muchos problemas de aprendizaje. Entre los estudios de este tipo se encuentran los que defienden que los defectos refractivos sin compensar provocan los problemas de aprendizaje porque en los sujetos con defectos refractivos se observa un peor rendimiento académico. En otras ocasiones, se ha propuesto que la buena visión es un requisito previo para que se dé un buen aprendizaje (Figura 1).

Sin embargo, desde la aparición de las teorías cognitivas o del procesamiento de la información, se considera a la visión como un sistema mucho más extenso que está implicado en diferentes procesos cognitivos (Figura 2).

A menudo pensamos que si el sistema visual procesa la información de manera deficiente por algún motivo (defecto refractivo sin compensar, cataratas, mala motilidad ocular, etc.), los procesos cognitivos en los que está implicada la visión se verán gravemente deteriorados. Sin embargo, esto no es siempre correcto debido a que, siempre que falla una habilidad concreta, se ponen en marcha procesos y estrategias compensatorias que permiten a muchos sujetos seguir manteniendo un buen rendimiento cognitivo. Por lo tanto, nos encontramos a menudo con sujetos con graves problemas visuales que presentan un buen nivel de aprendizaje y a sujetos con problemas de aprendizaje que no tienen ningún problema visual.

Relación entre aprendizaje y problemas optométricos El optometrista norteamericano Ralph Garzia comentó recientemente (2005) que:“Los defectos refractivos sin compensar (en especial la hipermetropía y la anisometropía), las anomalías acomodativas y vergenciales, y las disfunciones oculomotoras pueden tener un efecto negativo sobre los procesos lectores [...].

Su influencia específica sobre la lectura dependerá de la naturaleza de los problemas visuales, de su severidad, y del estadio particular del desarrollo de la lectura en la que aparezcan [...].

Los problemas de eficiencia visual pueden, en ocasiones, ser un factor dominante en la génesis de un problema de lectura o, con mayor probabilidad, un factor contribuyente de grado variableâ€. La afirmación anterior resume muy bien la visión que muchos ópticos-optometristas tenemos sobre las relaciones entre visión y aprendizaje pero, como veremos a continuación, nos falta mucho camino por recorrer para poder afirmar que esa perspectiva es completamente cierta. Por otro lado, la Academia Americana de Pediatría presentó en 1998 un comunicado en la revista Pediatrics en el que afirmaba que:

a) Algunos niños con problemas de aprendizaje tienen problemas visuales que deben ser tratados o corregidos (al igual que sucede con el resto de niños de su edad).
b) Algunos especialistas del cuidado visual atribuyen de manera incorrecta las dificultades de aprendizaje a la existencia de uno o más problemas visuales menores (por ejemplo, un niño tiene insuficiencia de convergencia y ello le provoca los problemas de aprendizaje).
c) En la actualidad, no existe ninguna evidencia científica que apoye la idea de que la corrección de dichos defectos visuales sutiles pueda alterar el procesamiento cerebral de los estímulos visuales.

Es decir, para la Asociación Americana de Pediatría, los ojos son una entidad (que puede presentar sus alteraciones) y el cerebro otra entidad independiente. Sin embargo, el desacuerdo entre ópticos-optometristas y pediatras parece provenir de qué se entiende con el término visión. Para los optometristas dicho término implica el funcionamiento de numerosos procesos cognitivos, mientras que para los pediatras americanos parece haber una relación directa entre visión y funcionamiento ocular.

Aunque el concepto utilizado frecuentemente por los optometristas es más amplio y por lo tanto, más flexible a la hora de dar explicación a numerosos procesos de aprendizaje, no por ello está exento de limitaciones.

Volvamos al ejemplo anterior de la insuficiencia de convergencia que supuestamente está produciendo un problema de aprendizaje. La perspectiva pediátrica defendería: “La insuficiencia de convergencia es un problema relacionado con la motilidad ocular que poco o nada tiene que ver con el problema de aprendizaje del sujetoâ€. “Si el sujeto tiene ambos problemas, podrían ser tratados si se considerara necesario, pero teniendo en cuenta que la resolución del problema visual no va a solucionar el problema educativoâ€. La perspectiva optométrica, por el contrario, defendería: a) Se ha visto que los sujetos con problemas de aprendizaje tienen una incidencia ligeramente mayor de problemas de aprendizaje, por lo tanto, la insuficiencia de convergencia puede provocar, en algunas ocasiones, problemas de aprendizaje. Aquí se comente, en mi opinión, una interpretación inadecuada de los resultados de algunas investigaciones.

Si la incidencia de un problema visual es ligeramente mayor en un grupo de sujetos con problemas de aprendizaje puede deberse a tres causas:
1. A que realmente, el problema visual esté provocando el problema de aprendizaje.
2. A que el problema de aprendizaje esté provocando el problema visual.
3. A que ambos problemas estén siendo influidos por algún proceso o procesos (muchas veces poco conocido).

Si tuviéramos en cuenta únicamente la primera posibilidad, podríamos caer en la interpretación errónea de que algunas microoftalmias provocan el Síndrome de Down y no al revés. Hasta que no se desarrollen estudios experimentales mejor controlados metodológicamente no se podrá establecer ninguna relación de causalidad entre ambos tipos de problemas, y tendrán razón otros profesionales al afirmar que, por el momento, este tipo de afirmación carece de suficiente base científica.

b) Supongamos ahora que la Optometría ha avanzado más en el estudio de las relaciones causales entre los problemas de visión y de aprendizaje, y aparece un estudio que indica que los sujetos que son tratados de insuficiencia de convergencia mejoran su rendimiento académico. Cuando en algunas revisiones posteriores se citan los pocos estudios que han empleado esta estrategia, a menudo se tiende a afirmar: “Los sujetos que son tratados de insuficiencia de convergencia mejoran su rendimiento académico o su velocidad lectora, lo que demuestra que dicho problema visual era la causa de sus problemas de aprendizajeâ€. Al realizar esta afirmación volvemos a encontrarnos con un problema metodológico y es el siguiente: los sujetos que hasta el momento han participado en este tipo de estudios suelen recibir además refuerzo educativo (tanto en su aula como fuera del horario lectivo; además, existe una amplia base científica que demuestra que el refuerzo escolar es muy efectivo para mejorar el rendimiento de los sujetos con problemas de aprendizaje).

Por lo tanto, las mejoras encontradas en el rendimiento académico, ¿se deben a la intervención optométrica, al refuerzo educativo o a ambos? Por ahora no se puede determinar, por al menos tres razones:
1. Porque no sería ético dejar a un alumno sin refuerzo educativo para que podamos hacer un experimento bien diseñado metodológicamente.
2. Porque entre la primera vez que realizamos las pruebas de rendimiento académico (antes del tratamiento) y la segunda (después del tratamiento optométrico) han transcurrido unas semanas o meses y dicho rendimiento puede haberse incrementado simplemente por un proceso de maduración del sujeto.
3. Porque hasta el momento no se ha tenido en cuenta si parte de las mejoras son debidas al efecto placebo (como veremos más adelante).

c) Por último, partimos de la base de que los problemas funcionales como la insuficiencia de convergencia tienen un origen y una solución periférica, cuando en realidad, son procesos controlados en gran medida mediante el procesamiento top-down, por lo que una misma alteración cerebral puede provocar al mismo tiempo el problema de aprendizaje y el problema visual. Supongamos que una apraxia constructiva (tipo de disfunción motora que afecta a la realización de movimientos complejos) provoca al mismo tiempo la insuficiencia de convergencia y problemas severos de lectoescritura.

Si tratamos la insuficiencia de convergencia, el sujeto tendrá un punto próximo de convergencia y unas reservas fusionales más ajustadas a los valores de normalidad, pero para que mejore el problema de lectoescritura habrá que trabajar con él este tipo de habilidades en concreto y nuestra intervención tendrá poco o ningún efecto en su rendimiento académico posterior.

En resumen, podríamos concluir que los sujetos con problemas de aprendizaje pueden tener problemas visuales (con la misma incidencia o superior que el resto de niños) pero que se trata de alteraciones relativamente independientes y que no se debe dar a entender a los pacientes que tratando un problema se va a solucionar el otro (es decir, que tratando la insuficiencia de convergencia se va a solucionar el problema de aprendizaje, de la misma manera que un entrenamiento en lecto-escritura no tiene porqué solucionar un problema optométrico).

Por lo tanto, desde nuestra labor como ópticosoptometristas la secuencia recomendada de tratamiento para los niños con problemas de aprendizaje sería la siguiente:
1. Recomendar revisiones visuales periódicas a todos los niños, tanto los que tienen problemas de aprendizaje como los que no.
2. Si algunos niños presentan problemas visuales que no tienen tratamiento optométrico, remitir al paciente a otros profesionales médicos para su valoración.
3. Si detectamos que el paciente tiene problemas educativos debemos remitirlo a un servicio especializado en la evaluación y tratamiento de problemas de aprendizaje (en el que también pueden colaborar los ópticos-optometristas como parte integrante de este equipo).
4. Por el bien de los pacientes, deberíamos desaconsejar el uso de tratamientos en los que no haya sido totalmente probada su eficacia.

Efectos de las lentes coloreadas en la mejora de la velocidad lectora

En los años 80 se extendió en algunos países el empleo de lentes coloreadas para la reducción de las molestias visuales asociadas a la lectura. Según Irlen (1983), algunos sujetos con problemas de aprendizaje leían con dificultad porque sufrían lo que ella denominó un Síndrome de Sensibilidad Escotópica, que provocaría muchas molestias visuales a los sujetos al mirar líneas escritas sobre un fondo blanco. Estos sujetos también tendrían distintas ilusiones perceptivas de movimiento, color o borrosidad.

Algunos autores (Blaskey y cols., 1990; Scheiman y cols., 1990) sugirieron que dichas molestias serían debidas a la existencia de problemas optométricos convencionales sin tratar, por lo que recomendaban que antes de utilizar este tipo de lentes, el paciente se realizara una revisión visual completa. En las investigaciones llevadas a cabo desde los años 90 hasta la actualidad, los pacientes que participaban en los estudios de la eficacia de estas lentes eran revisados previamente por un óptico-optometrista o por un oftalmólogo, y si no padecían ningún problema visual se les participar en el estudio y llevar los filtros coloreados.

De hecho, la FDA aprobó en el año 2000 el uso de dichas lentes para reducir las molestias visuales provocadas por los textos convencionales durante la lectura. Al utilizar estas lentes con pacientes, a menudo se comprueba que leen más rápido y que dicen encontrarse mejor con ellas. Pero, ¿dicho tratamiento es efectivo (Kavale, 1982) que sugería que aproximadamente un 20% de los sujetos con problemas de aprendizaje presentan únicamente alteraciones en la percepción visual, mientras que otro 20% tendrían alteraciones mixtas, siendo la percepción visual la habilidad más deteriorada.

Poco a poco, las distintas pruebas de evaluación y programas de entrenamiento de la percepción visual se van incorporando a la práctica optométrica, aunque en muchos casos es necesario que el profesional se forme previamente en este ámbito por varias razones:
a) Los rápidos avances que se van produciendo en los métodos de evaluación y la aplicación de nuevos tratamientos
b) La escasa formación que se proporciona sobre este ámbito desde los actuales planes de estudio universitario.
c) Los avances que se producen en otras disciplinas con las que debemos colaborar en este ámbito (psicología, neurología, terapia ocupacional, etc.) provocan que debamos adaptar constantemente nuestra práctica profesional para ofrecer en cada momento el mejor tratamiento a nuestros pacientes.

Por lo que debemos tener conocimientos suficientes de otras disciplinas para poder orientar mejor a nuestros pacientes. También ha cobrado mucha relevancia recientemente el estudio del “aprendizaje perceptivoâ€, que trata de determinar los mecanismos que provocan la mejora en la percepción visual mediante la práctica repetida de diferentes actividades. Algunas de las aportaciones recientes de esta disciplina a la comprensión de por qué algunos atributos visuales pueden mejorar su funcionamiento con la práctica serían:
1. Este tipo de aprendizaje es implícito, es decir, no es necesario que el sujeto sea consciente de que está aprendiendo (ni siquiera de que está viendo los estímulos) para que se produzca (Watanabe, Náñez y Sasaki, 2001).
2. Parece ser que la administración de refuerzos contingentes a la realización de la tarea facilita la adquisición de este nuevo aprendizaje (Herzog y Fahle, 1998; Seitz y Watanabe, 2005; Seitz, Nanez, Holloway, Tsushima y Watanabe, 2006).
3. Mednick y cols. (2002) comprobaron que tanto las horas de sueño nocturno, como el sueño durante el día podía mejorar el aprendizaje perceptivo porque evitaba el deterioro.