Actualización en conjuntivitis alérgicas

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Sábado 1 de marzo / Sala N-113 + N-114 / Hora: 9:00-09:30 h.

José M. Benítez del Castillo.

Catedrático de Oftalmología UCM. Clínica Ruber de Madrid

Podemos definir la alergia como una reacción exagerada y patológica de un organismo ante una sustancia a la que, habitualmente, los demás individuos de la especie no reaccionan. Esta sustancia o antígeno que desencadena la reacción alérgica se denomina alérgeno. Actualmente, el término alergia es sinónimo de reacción de hipersensibilidad tipo I (clasificación de Gell y Coombs).

Se estima que más del 20% de la población padece alergia. Este número se está incrementando en los últimos años debido a las vacunas, ausencia de infecciones y contaminación.

Dentro de la alergia ocular podemos distinguir cuatro cuadros clínicos: conjuntivitis alérgica estacional (CAE) o perenne (CAP); conjuntivitis papilar gigante (CPG); queratoconjuntivitis vernal (QCV), y queratoconjuntivitis atópica (QCA).

Una quinta forma de alergia ocular sería la dermatoconjuntivitis alérgica de contacto o dermatitis de contacto a nivel ocular. Algunos autores la consideran un cuadro diferenciado de las conjuntivitis alérgicas por corresponder a una reacción de hipersensibilidad tipo IV. El síntoma fundamental de la alergia es el picor; de hecho, se puede decir que no hay alergia sin picor. Esto se debe a la acción de la histamina sobre las terminaciones nerviosas. Normalmente, los pacientes con conjuntivitis alérgica tienen antecedentes personales y/o familiares de otras manifestaciones alérgicas.

Los dos primeros son cuadros leves, que afectan sólo a la conjuntiva. Por ello debemos evitar, en las conjuntivitis alérgicas y conjuntivitis papilar gigante, el empleo de corticoides tópicos, ya que se trata de medicaciones agresivas con importantes potenciales efectos adversos.

La queratoconjuntivitis vernal o primaveral y la queratoconjuntivitis atópica son procesos graves por la afectación corneal asociada, que puede dar lugar a leucomas o cicatrices corneales que ocasionalmente afectan gravemente la visión. En casos severos puede ser necesario utilizar corticoides tópicos, no obstante, debemos ser cautos en su empleo. Además, la queratoconjuntivitis vernal es una enfermedad autolimitada, por lo que debemos evitar iatrogenia. En todos los casos, el control ambiental junto con el tratamiento farmacológico es esencial.